El futbol argentino nos tiene un Racing-Huracán pendiente en el calendario. Dos representantes del balompié porteño: por un lado, Avellaneda. De los grandes exponentes del Gran Buenos Aires: La Academia. Enfrente, el Globo oriundo del Parque de los Patricios.
La rivalidad quizá, no deja para mucho dentro del campo, pero fuera, da una de las escenas icónicas del cine referente al futbol.
Un Óscar, incluso, premió esta película: El secreto de sus ojos. Una joya nacida como «la pregunta de sus ojos» de Eduardo Sacheri, por cierto, también recopilador del libro, El futbol de la mano, colección de cuentos sobre el deporte.
La escena es simple: dos tipos buscando un asesino. La huella, las pistas , todo se esfuma. Hasta que Sandoval, el gran balance para el protagonista, una especie de Portos moderno: bonachón, borracho y simpático llega a una conclusión: el tipo puede hacer de todo para ser distinto, pero hay algo que no puede cambiar.
Acto seguido, un apóstol de la misma fe que el asesino aclara las dudas: Oleniak, Mamfredini, Babastro, Sánchez. Nombres que no dicen mucho, de pronto se convierten en ídolos de La Academia. Racing es aquello que mueve al asesino. También al escribano Andretta, quién ilumina el camino.
En una posible broma de Eduardo Sacheri, hincha de Independiente, rival acérrimo de Racing, pone la semilla de lo que desencadena la captura. El escenario, un partido entre los albicelestes y Huracán en el Estadio Tomás Adolfo Ducó.
En efecto, se prueba el punto: «el tipo puede cambiar de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero no puede cambiar de pasión».





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