Ícono indiscutible de la inteligencia. Sus cabellos volando por toda parte con la lengua de fuera. La humanización del brillante. Sinónimo de genialidad: eres todo un Einstein, dicen cuando alguien encuentra la solución a un problema complicado.

Su fórmula parece más un ícono pop que una propuesta científica: E=mc2.

Albert Einstein: figura indiscutible del siglo XX, proclamado, de hecho así, por la revista Time al terminar el siglo pasado.

Sin embargo, a pesar de su genialidad, no pudo verse fuera de las complicaciones sociopolíticas de su época, aunque quizá, por su posición, pudo escapar del brazo fiero del Holocausto Judío, encontrando asilo político en los Estados Unidos, donde residió desde 1932 hasta su muerte.

Es en esta época cuando en una estancia en Nueva York, visitó el Bronx. Enfáticamente Yankee Stadium. Tras ser explicado en el deporte, el científico analizó las posibilidades, las probabilidades y los giros que nunca terminan hasta que el out 27 puede ser cantado. Aunque el juego en sí no ha sido identificado con equipos y marcador, la leyenda cuenta que aquella tarde, justo fue en “la casa que Ruth construyó”, el propio Einstein bautizó al “pasatiempo estadounidense” como el “rey de los deportes”.

Incluso se le atribuye una cita que dice: “usted enséñeme el beisbol y yo le enseñaré la relatividad. No, mejor no. Usted aprenderá más fácil la relatividad que yo el beisbol”.

Por cosas ajenas al propio Einstein, en 1952 formó parte de una colección de tarjetas coleccionables, a la usanza del beisbol por la marca Topps, empresa líder en el mercado en aquella rama.

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