Entre Obrero Mundial y el entonces Río de la Piedad, justo enfrente del extinto Parque del Seguro Social, quince mil personas vio nacer una de las tradiciones futbolísticas más importantes de México: el Parque Necaxa.

Aquella primer época de gloria para el Necaxa, la de los Once Hermanos, incluso los albores mundialistas para México, siendo casa de la primer eliminatoria para los tricolores tuvieron como casa al campo, de cuál se presumía, como uno de los mejores del mundo.

En la eterna andanza hidrocálida, los Rayos desaparecieron hasta que en 1950 volvieron al ahora Estadio Azul, donde se fueron sin pena ni gloria.

Para 1952, el Necaxa se mudó a la nueva maravilla arquitectónica del país: el Estadio Olímpico Universitario. En el inmueble de Insurgentes, que compartía con el América y el Atlante, la segunda época de copas y éxitos volvió para los rojiblancos, conquistando dos Copas México, una a costa del Tampico y el León, ambas por cierto, jugándose en la futura sede de los Juegos Olímpicos de México 68 y donde también se consagrarían como Campeón de Campeones en la misma temporada de 1965-1966 frente al América en la última final que se jugó en el estadio entre 1959 y 1966.

La procesión necaxista pasó por el Estadio Azteca y más tarde en Aguascalientes, donde residen actualmente. Sin embargo, la Copa MX  ha llevado a los Rayos a encontrarse con los fantasmas de su pasado y buscar una nueva semifinal del torneo a costa de unos Pumas a los que vieron por última vez en esta competición en 1996, donde perdieron en Santa Ursula, 3-1.

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