En la historia de Grecia, y más ahora con su incursión en la cultura popular, son conocidos los 300. La Batalla de las Termópilas como escenario de una batalla desigual por el número de combatientes de Jerjes y los míticos comandados por Leónidas, que aunque no fueron toda la fuerza de lucha, son el apartado más famoso de los que se enfrentaron a 200 mil persas, según estimaciones más recientes, contrastadas por los 20 mil calculados por Heródoto.
En tiempos más recientes, la historia vive caprichos a diferentes escalas y en distintos escenarios.

1987. Montevideo, Uruguay. La extinta Copa Andalucía, que enfrentaba a los conjuntos de dicha región, se convirtió en un pretexto amistoso para la gira del Betis al Cono Sur, donde jugó un triangular con los grandes del balompié charrúa: Peñarol y Nacional.
Round Robin. Todos contra todos. La leyenda se despertó un 23 de abril cuando el calendario dio otra edición del clásico uruguayo.
Con un empate a uno en la parte complementaria, bastaron cuatro minutos para dejar a los aurinegros con ocho jugadores. De pronto Nacional se extendía como el ejército persa, mientras que a Peñarol, sólo le quedó cerrar su paso. No quedó más que usar el sello de la casa: «la Garra Charrúa».
La tranquilidad de Nacional abrió una puerta para lo imposible. Faltando ocho minutos, ocho jugadores se lanzaron al ataque. Diego Aguirre aguantó y permitió el pique de Jorge Cerbera, quién firmó la hazaña poniendo el dos a uno definitivo.

La estela que dejó aquel triunfo memorable, fue una Copa Libertadores en aquel año, con la participación de 11 de los 13 jugadores que participaron en uno de los juegos donde las rivalidades crecen y nacen las leyendas.





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