Un 25 de abril de 1954, Herzog & deMeuron, firma de arquitectos, conocidos más recientemente por su trabajo en el Allianz Arena de München, presentaron St. Jakob Park de Basilea, qué abrió sus puertas por primera vez, como un ensayo a la Copa del Mundo a celebrarse en Suiza ese año.

Alemania ganó aquel primer partido ante los locales con un 5-3 que parecía indicar el camino que habría de seguir la «Mannschaft» rumbo a su primer título Mundial.
Sin embargo, en su regreso, ya en el marco de la Copa del Mundo, Alemania, en su regreso a las Copas Mundiales a partir de su suspensión tras la Segunda Guerra Mundial, se enfrentó con una Hungría liderado por un tal Ferenc Puskas y Zultán Czibor.
Este equipo teutón, conformado por aficionados, no fue rival, ni cercano, para los Magiares, quienes se despacharon con la cuchara grande y los golearon 8-3 en su segundo partido, definitivo para que Hungría avanzara como primero del grupo 2 y obligó a Alemania a jugar un desempate con Turquía, a quiénes golearon a su vez, 7-2.
Para la siguiente ronda, Alemania volvió una vez más a St. Jakob Park, ésta vez ante Austria, a quiénes derrotó 6-1 para conseguir su derecho a disputar la revancha frente al equipo de oro, en la final.

La historia abrió esa pequeña puerta a lo imposible y los alemanes, en el llamado Milagro de Berna, conquistaron su primer título mundial y significó uno de los pilares sociales que tomaron como referente para la reconstrucción del país tras la gran guerra.





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